
La paradoja de la complacencia: los CFO se preocupan menos por el riesgo. Y eso es exactamente lo que debería preocuparles.

Por Todd Laddusaw
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Este año, la preocupación de los CFO disminuyó en todas las categorías de riesgo del CFO Risk Radar 2026 de Kyriba: inflación, aranceles, volatilidad de los mercados, inestabilidad geopolítica, amenazas de seguridad y más. Todo ello, por debajo de los niveles registrados hace doce meses. Esa caída no debería interpretarse como un alivio. Que la preocupación disminuya no implica que la exposición al riesgo haga lo mismo, y la brecha entre ambas debería cambiar la forma en que cada CFO aborda la preparación.
La diferencia entre sentirse preparado y estar protegido
El CFO Risk Radar 2026 de Kyriba encuestó a 1.354 directores financieros en nueve países, y un hallazgo en particular destaca. El 47 % afirma sentirse muy preparado para gestionar el riesgo financiero. El 79 % sufrió un impacto financiero real el año pasado porque su visibilidad sobre un riesgo emergente no fue suficiente para detectarlo a tiempo. Basta con poner estas dos cifras una al lado de la otra para que el concepto de "preparado" deje de significar lo que la mayoría de los CFO creen. Solo uno de cada cinco logró cerrar el año sin experimentar un impacto financiero derivado de un riesgo que no vio venir. Y ese patrón se repite en los nueve mercados encuestados.
He preguntado a equipos financieros suficientes veces por qué se sienten preparados como para reconocer cuándo la respuesta va más allá del optimismo. Si nadie detrás de esa respuesta puede señalar un sistema de previsión fiable, ya se sabe a lo que se enfrenta: liquidez sin capacidad de visualizarla, preverla ni movilizarla bajo demanda.
Las caídas de la preocupación y del optimismo apuntan al mismo punto ciego
El patrón se vuelve más claro cuando se examinan los indicadores que variaron en paralelo con ese 79 % sorprendido por el riesgo. La preocupación media entre doce categorías de riesgo cayó un 13 % interanual. Al mismo tiempo, el optimismo económico descendió 4,8 puntos, del 75,6 % al 70,8 %, y el optimismo empresarial cayó 5,4 puntos, del 79,2 % al 73,8 %.
Se supone que la preocupación y el optimismo deben moverse en sentidos opuestos. Cuando la inquietud disminuye, el optimismo debería aumentar, ya que ambos indicadores pretenden reflejar un cambio real en las condiciones del entorno. Sin embargo, ambos cayeron al mismo tiempo, lo que significa que los líderes financieros están recalibrando sus expectativas en un mundo que, en realidad, no se está volviendo más estable, confundiendo esa recalibración con progreso. El riesgo normalizado es aquel al que nadie destina atención adicional, y así es precisamente como acaba gestionándose de forma insuficiente.
El instinto natural es interpretar la caída de la preocupación como evidencia de que la gestión del riesgo funciona mejor que hace un año. Pero antes de aceptar esa lectura, conviene volver a mirar cuántos CFO se vieron afectados por un riesgo que no pudieron anticipar. Un sistema de previsión no necesita transmitir calma para cumplir su función: necesita anticipar más de lo que está por llegar. Y por ese criterio, la mayoría de las funciones financieras no han avanzado. Cuando la preocupación y el optimismo caen juntos, como ocurrió este año, la lectura más honesta es que los CFO ajustaron sus expectativas a la baja sin actualizar las herramientas con las que gestionan lo que realmente está ocurriendo.
La complacencia es un fallo de previsión
La respuesta estándar ante cifras como estas suele ser pedir a los CFO que se preocupen más, que mantengan la vigilancia, que no pierdan de vista el riesgo. Ese enfoque trata la complacencia como un problema de mentalidad, algo que se corrige prestando más atención. Pero un líder financiero que se angustia por cada partida presupuestaria y aun así realiza el análisis de riesgos en ciclos trimestriales no está mejor posicionado que quien se siente tranquilo. La angustia sin un sistema de previsión que siga el ritmo del riesgo es solo incomodidad, y la incomodidad no cambia el resultado.
El verdadero fallo es estructural, y va más allá de la frecuencia con que alguien revisa los números. Muchos equipos financieros dimensionan el riesgo con ciclos diseñados para una volatilidad menor, usando sistemas que nunca fueron concebidos para actualizarse de forma continua. El 83 % no puede cuantificar el impacto financiero de un riesgo en tiempo real, lo que significa que la mayoría de los equipos financieros no descubren el coste real de un riesgo hasta mucho después de que el daño ya está hecho. Solo el 26 % ejecuta modelización de escenarios de forma continua o automatizada, y apenas el 21 % puede ajustar su estrategia financiera el mismo día en que aparece un nuevo riesgo. Incluso cuando se conoce el impacto, la mayoría de los equipos financieros aún no pueden moverse al ritmo del riesgo.
Y, sin embargo, el 96 % declara tener una confianza alta o moderada en su capacidad para analizar el riesgo financiero en tiempo real. Esa confianza es la verdadera señal de alerta: refleja la frecuencia con la que se revisaron los datos por última vez y la dificultad que imponen las propias herramientas para volver a hacerlo, no una demostración real de preparación.
La solución no tiene nada que ver con el nivel de calma o angustia de nadie; depende de si las capacidades de previsión y visibilidad detrás de los números se actualizan al mismo ritmo que el riesgo, no una vez por trimestre.
Elija la categoría de riesgo que menos preocupa a su equipo en este momento y pregúntese cuándo fue la última vez que modeló su impacto financiero —no cuándo lo debatió—. Si la respuesta honesta es "el trimestre pasado" o antes, lo que está sintiendo es una previsión desactualizada disfrazada de preparación.
El nuevo estándar
Este año, la preocupación ha caído en todos los ámbitos. No permita que ese sea el titular que lleve a la planificación de 2027.
El estándar que yo aplicaría a cualquier función financiera es sencillo: la preparación debe demostrarse, no sentirse. Demostrarla implica llevar a cabo un ejercicio real de dimensionamiento de cada riesgo relevante, con una cadencia regular, no conformarse con hacerlo una sola vez.
Elija un riesgo, mida cuánto tiempo le lleva cuantificar su impacto financiero y compare ese tiempo con la velocidad a la que puede moverse el propio riesgo. Mi propio equipo realiza este ejercicio de forma periódica, al igual que cualquier organización que quiera comprobar si sus herramientas están a la altura. Hágalo usted mismo y descubrirá rápidamente si su infraestructura de previsión está diseñada para esa velocidad o todavía está tratando de alcanzarla.
La visibilidad en tiempo real sobre cada banco, divisa y entidad es la infraestructura que Kyriba ofrece hoy, y el estándar que toda función financiera debería imponerse.
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Todd Laddusaw
Chief Financial Officer
Todd Laddusaw es el director financiero (CFO) de Kyriba, donde lidera la función financiera para ayudar a la compañía a alcanzar objetivos tanto financieros como no financieros. Enfocado en el crecimiento y la creación de valor, Todd impulsa el rendimiento a través de la colaboración. Aporta más de 30 años de experiencia en finanzas. Antes de unirse a Kyriba, fue CFO en varias empresas, entre las más recientes Calabrio, Bamboo Health y Virgin Pulse / RedBrick Health. Todd posee un MBA por la Carlson School of Management de la Universidad de Minnesota y una licenciatura en Administración de Empresas con especialización en Contabilidad por la Universidad de Notre Dame. En su tiempo libre, disfruta hacer ejercicio, cocinar y pasar tiempo con su familia y amigos.
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